
Los tiempos cambian, pero en el Molino de Benagalbón se resisten a que esto suponga una merma de la calidad del aceite de oliva que allí se elabora desde hace décadas. Tres generaciones de verdaderos románticos de la tradición olivarera son motivo suficiente. Hoy en día a Nacho Pérez, el último de la saga familiar, le ha tocado apostar por una labor que tiene más de devoción que de negocio. Como antaño, allí se elabora el aceite mediante el sistema tradicional de piedras y prensas. De hecho, es uno de los pocos molinos del país que funcionan con arranque manual.
En el centro de Bengalbón, núcleo de Rincón de la Victoria, se mantienen vivos los métodos que se utilizaban hace décadas. Y el resultado es un excelente aceite de oliva virgen extra (de las variedades verdial y lechín). Además, son aceitunas exentas de fertilizantes, fitosanitarios y otros productos químicos, lo que, junto a su proceso tradicional de elaboración, hace posible que se puedan saborear todavía hoy aceites como los de antes.
Algunos privilegiados tuvimos la oportunidad de comprobarlo el pasado domingo durante el primer Día de la Molienda del Molino de Benagalbón, organizada por la asociación Olearum , que preside Paco Lorenzo. Desde las 10 de la mañana hasta la sobremesa pudimos disfrutar no sólo del sabor del aceite sino también de todo el espectáculo que supone ver in situ el funcionamiento de este sistema artesanal (molienda, batido, prensado y decantación). Por allí pasaron el presidente de la Diputación Provincial, Elías Bendodo, el alcalde de Rincón de la Victoria, Francisco Salado, el presidente de Olearum, Paco Lorenzo, el presidente de La Carta Malacitana, Manolo Maeso, el decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Juan Antonio García Galindo, el presidente de AEHMA, Rafael Prados, Jesús Moreno, presidente de la Academia Gastronómica de Málaga, y Antonio Galindo, propietario del Caserío San Benito, entre otros afortunados.
Allí tuvimos también la ocasión de degustar algunos platos que incluyen entre sus ingredientes el aceite de oliva, como la porra antequerana o los ajoblancos de altramuces, elaborados por Paco Lorenzo. A estos entrantes, les siguieron unas peculiares, pero suculentas migas. Como no podía ser de otra forma, estas viandas fueron regadas con caldos de la zona, en este caso de las bodegas DIMOBE (Moclinejo): El Lagar de Cabrera (tinto), Zumbral (tierno moscatel) y Rujaq Andalusí (tierno moscatel añejo).
En definitiva, fue una jornada enriquecedora para todos, en la que incluso pudimos ver una pequeña muestra del inventario de olivos centenarios de la provincia de Málaga, realizado por los miembros de Olearum. Una apuesta por la cultura del aceite que es muy necesaria en estos tiempos y que es de agradecer a Nacho Pérez, que mantiene viva la pasión de su padre y de su abuelo.